Efecto Marie Kondo: el tiempo también se ordena

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Efecto Marie Kondo: el tiempo también se ordena

22 de enero de 2019  • 00:08

El orden se puso de moda. Los libros de la japonesa Marie Kondo son un éxito de ventas, y sus millones de seguidores en todo el mundo siguen creciendo a partir de la nueva serie de Netflix. El método apunta a reducir el caos, eliminar lo innecesario y quedarse con lo que es importante, lo que nos trae felicidad. Y qué mejor momento que el principio del año para limpiar y hacer orden en nuestras cabezas, para revisar los hábitos y automatismos improductivos que se comen nuestro tiempo, nos empañan el foco y nos distraen en el camino hacia lo que queremos lograr.

Vivimos en un sistema que junta basura, que genera una cantidad de reuniones, mails, llamadas, informes y tareas que, muchas veces, son innecesarios. ¿En cuántos grupos de mails o de chat participamos? Hoy estamos más comunicados que nunca, pero la calidad de la comunicación cada vez es peor. Buena parte de la información que circula no nos interesa y suele estar desactualizada para el raro momento en que tenemos tiempo para leerla, pero seguimos participando de la cadena de distribución por inercia. Miles de mails que se acumulan en las bandejas de entrada sin leer. Grupos de chat o de mail que comenzaron con un objetivo específico, se fueron desvirtuando y hoy son un caos que abarca a un montón de gente para resolver un montón de temas desordenados.

¿Cuántos informes recibimos, cuántos pedimos? Quizás, en su momento, cuando el equipo que lideramos era junior y no confiábamos en su autonomía, tenía sentido pedir que nos enviaran informes a cada paso de un proceso, con cierta periodicidad. Si ahora tenemos confianza, ¿seguimos necesitando que nos copien en todo, o con la misma periodicidad que antes?

¿En cuántas reuniones estuvimos porque sí, por las dudas, porque se supone que teníamos que estar, aunque no nos involucraran directamente? ¿Cuántas de ellas no tenían agenda, se fueron de tema y al final terminaron siendo otra cosa, o terminaron sin decisiones?

¿En cuántas «falsas urgencias» nos enganchamos? ¿Cuántas veces nos quedamos trabajando hasta cualquier hora en lo que podía esperar? ¿Cuántas veces recibimos o enviamos mails «urgentes» un viernes a las once de la noche, que anularon el descanso y la alegría y nos dejaron por delante dos días de ansiedad?

¿Estamos dispuestos, este año que recién comienza, a seguir malgastando nuestro tiempo así, a que nos sigan distrayendo cuestiones que no son importantes?